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Bienvenidos al Blog del "Taller de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de Tamaulipas", el cual fue creado por la profesora Graciela González Blackaller, actual coordinadora, la Lic. Clara García Sáenz es la Titular de Departamento de Literatura.

El taller tiene la función de orientar a las personas con habilidades literarias, enfocándose en la redacción, creatividad y fomentando la libertad de escritura. Se analizan todos los géneros literarios: poesía, ensayo, cuento, novela, entre otros; así mismo, se da un tiempo para revisar obras de escritores reconocidos internacionalmente, se comparte bibliografía con el fin de difundir la cultura:

Para escribir hay que leer primero.


Actualmente el taller se imparte los Sábados, de 10:00am a 12:00pm, por
Lorena Illoldi (poesía) yAlfredo Marko (cuento). La sesión consiste en la revisión de trabajos (se requieren copias del trabajo que se reparten entre los participantes con el fin de realizar anotaciones en ellas) con el fin de una mejora en la redacción y estructura de los textos.

La inscripción es para público general y estudiantes de la UAT (con un descuento a los últimos).


Te invitamos a que formes parte de este Taller de Creación Literaria, pide informes en:

  • Extensión Universitaria: 31 81717 ext. 2694
  • Lic. Clara García Sáenz: csaenz@uat.edu.mx
  • Lorena Illoldi (illoldi_@hotmail.com),
  • Alfredo Marko (leteol@hotmail.com),
  • Eyra Wong (e_garibay_w@hotmail.com).


El taller está ubicado en la Dirección de Extensión Universitaria (Atrás de la Facultad de Comercio en la UAT).

Mostrando entradas con la etiqueta Eyra Wong. Mostrar todas las entradas
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sábado, 25 de abril de 2009

Directriz: Carta de amor. Eyra Wong

A Cthulhu con amor.

La primera vez que leí sobre ti, no comprendía la magnitud de tu ser, memoricé frases e intenté pronunciar plegarias paganas. Con el tiempo he aprendido los rituales precisos para llamarte, los gestos necesarios para comunicarte mi adoración.

He imaginado el instante en que tus tentáculos acaricien mi piel, que tus garras me exciten. Sueño mis labios besándote, mientras atrapas mi cabello con tus ventosas. Quiero aferrarme a tus alas y mutar para ser uno mismo; aborrezco mi forma humana tanto como amo lo grotesco de tu ser.

Quiero pasar eones a tu lado, cruzar las puertas de la llave de plata, quiero perderme contigo en R'lyeh.

Quiero poseerte y que destruyas mis paradigmas, que penetres este amorfo recipiente y liberes mi ser, formar parte de tu sustancia y recuperar contigo los universos, enmendar el error de crear al hombre y ser parte de tu reinado.

Quiero fluir en tus venas, ser tu cuerpo, tu mente, toda en ti.

Eyra Wong

domingo, 1 de marzo de 2009

Directriz de la semana: Tripas

ESA BOCA ES MÍA.

Eyra Wong

Desde niño amaba el olor del ajo cuando mi mamá lo acitronaba junto con cebolla; por fin pude lograr hacerlo y el olor es delicioso, he cerrado todas las ventanas para conservarlo dentro. Es difícil darle el punto exacto, porque puede quemarse o el aceite excesivo le quita sabor; sin embargo ahora puedo hacerlo sin ayuda sólo es necesario moderar el fuego.

La primera vez que vi a Helena, tenía un cigarro entre los labios y leía un libro, la cercanía de su rostro con las páginas hizo que arrojaran humo en lugar de letras, ella sólo observaba; vacié en su libro a punto de ser cenizas un poco del agua que tomaba, parpadeó y mientras suspiraba se levantó del suelo.

-Era la primera edición del Texto R’lyeh, valía, aún quemada más que todo lo que has ganado en tu vida.

Nunca me ha gustado desollar lo que me comeré, me parece primitivo y un acto bastante burdo, deberían hacerlo solamente las criadas y los sirvientes, personas sin educación; pero cómo confiarles a ellos tarea tan delicada, la piel debe estar antes de trabajar con ella, totalmente esterilizada, limpia hasta el fondo. Yo empiezo rasurando por completo, después lavo con jabón normal presionando para que entre a cada poro; por otro lado si la piel es removida sin cuidado podría echar a perder la carne y el platillo en sí. Después agregaré sal para completar la limpieza.

Me resultó difícil conquistar a Helena, era tan hermosa como antipática, odiaba a la mayoría de las personas y pasaba horas leyendo sobre dioses arquetípicos, creo que en el fondo deseaba convertirse en alguno de los seres de sus historias; encontraba la hermosura en ellos, amorfos, grotescos, anormales. Quizá eso fue lo que al final hizo que se fijara en mí y aceptara la invitación a tomar un whisky. Esa noche bebimos y me habló de sus ideas de la posibilidad de reencarnar, de vivir después de la muerte. Si hubiera sido uno de los hombres que ella conocía normalmente, hubiera salido corriendo; pero me enamoraba escuchar sus ideas mórbidas.

Al colocar la carne en el ajo acitronado el olor fue tan intenso que tuve que cerrar los ojos un momento antes de continuar; el sonido de la carne al cocerse es la música que más amo. Son cinco minutos en cada lado con la temperatura mínima, después doy una vuelta y el jugo que suelta la carne hará el resto. Un poco de vino tinto servirá para abrir el apetito, aún más.

Como lo imaginaba, el sexo era perfecto. Ella tenía prácticas diferentes, le gustaba que fuera rudo y yo enloquecía cuando la veía suplicar. Nunca había sentido tanta atracción por nadie, sé que no era simplemente por su belleza, su misantropía me desquiciaba. Mientras lo hacíamos nombraba demonios desterrados y dioses estelares, a veces los fonemas pronunciados me desconcentraban en ocasiones no podía parar de reír así que nos deteníamos y era cuando ella también reía. ¡Su risa era deliciosa! Nuestra relación fue simple, nadie dijo nada solo empezamos a vivir juntos. Con el tiempo las pláticas fueron disminuyendo y nos obsesionamos buscando placeres bizarros, yo la torturaba con pequeñas heridas en su espalda y piernas. Habíamos cubierto toda la casa con nuestros juegos, desde la cocina, con cosas triviales como tenedores y palillos chinos hasta el patio con espinas y cuerdas. No me gustaba que saliera de la casa, sabía que afuera tenía posibilidad de encontrar un hombre mejor que yo en cualquiera de los sentidos; mi ojo de vidrio no era tan interesante como en la adolescencia.

Ya puedo sacar la carne, el color que ha tomado me recuerda a Helena es parecido al tono de su cabello rojo con negro; al cortar ha salido un poco de sangre. Siguen las vísceras preparadas con anterioridad, es importante lavar con cuidado, sacar los deshechos y limpiar a conciencia. El riñón tiene dos horas en agua con sal, esto para quitar el olor; lo dejaré cociendo en agua limpia con unas hojitas de orégano. En cambio el hígado lo prepararé con laurel y pimiento, un poco de ají para contrastar el sabor. Por otro lado, el intestino delgado, es algo nuevo para mí; me dieron unas recetas, pero primero he abierto en canal y corté en cuadros pequeños, lo freí en aceite de oliva.

Un año pasó y buscamos fetiches individuales para compartirlos después, no podíamos detenernos y tuvimos que inventar palabras clave para señalar un alto en las relaciones; así no corríamos riesgos. Eso a raíz de una noche en la que poco faltó para que la asfixiara de verdad, pedía ayuda pero como sabía que la excitaba el rol de víctima, no me detuve hasta que vi sus ojos en blanco, entonces supe que debíamos tener más cuidado. Ella me repetía constantemente que era mía, que podía hacer con ella lo que deseara, que nunca me dejaría, pero mis celos aumentaron y sin razón. No la dejaba salir, yo compraba todo después del trabajo y ella se quedaba leyendo, escribiendo, imaginando nuevas formas de torturarnos. El día que la vi en el buzón, traía una bata, la tomé del brazo y la metí a jalones; empecé a dejarla encerrada bajo llave. Ella debía ser sólo para mí, no podía compartirla con el resto del mundo. Pero no podía poseerla, por más que lo intentara. El sexo era imposible de mejorar, la tenía para mí todo el tiempo pero aún así no la poseía por completo. Cuando me hablaba de otras personas, de su familia que ya no veía, de algún amigo que extrañaba la golpeaba; odiaba no poder poseer su pensamiento, sus sueños. Me volvía loco el hecho de saber que ella pensaba y que en sus pensamientos no estaba yo, que no podía verlos, que no los conocía. Entonces lo decidí.

Ahora debo acomodar la comida con gracia, es también un arte decorarla. He puesto un poco de aderezo en el plato y en seguida coloqué el trozo de carne, aún con gotitas rojas encima; las hierbas finas estaban a un lado y cerca de ellas el intestino en pedacitos, los olores dentro de la casa eran magníficos, cerré los ojos mientras maniobraba la sal y la pimienta. Me gustaba saborearla con todos los sentidos.

La comida me ha quedado deliciosa, cada parte de ella me hace confirmar que era ésta la única forma en que podía ser mía por completo.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Directriz: Lentes

Lentes de Narciso.
Eyra Wong

Lentes de narciso que curan la miopía de belleza, se colocan dos pétalos frente a los ojos en noche de luna nueva para refrescar la percepción; para mejores resultados se aplican dos gotas de lágrimas de un niño feo frente a un árbol seco.

lunes, 9 de febrero de 2009

Directriz: Mango. Eyra Wong

Mango.
Eyra Wong

Manos tanteando,
lo desnudé
contemplé su forma
y mordí;
labios se abren y entra,
sale, suspiros
termino
su jugo en la garganta.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Melodía Reptante. Eyra Wong. 3a revisión.

Melodía Reptante

Eyra Wong


Con las rodillas raspadas y las manos llenas de tierra, me aferré a la rama en que me había logrado sentar, por fin estaba arriba de un árbol como los demás niños. Me sentía tan feliz que cuando escuché esa melodía creí que era parte de mi emoción, fue la primera vez que los vi.

Ella dirigía la música, tendría mi edad, o quizás era menor; se arrastraba con rapidez. En su cabello se movían insectos y hojas. Conforme avanzaba tomaba con su lengua todo lo que estaba en el suelo, masticaba ramas y piedras, que quebraban sus dientes. Atrás de ella, un hombre sin ojos pateaba sus piernas para saber hacia dónde ir; tenía un hueso con agujeros que usaba como flauta, las notas que emergían eran profundas y melancólicas. Un poco más atrás, apareció una hermosa mujer con el rostro cubierto por sangre, sostenía con ternura el cuerpo decapitado de un bebé, bajé lo más rápido que mi coordinación lo permitió y tuve el impulso de acercarme a levantar la cabeza que llevaba encadenada al pié.

Al final del grupo caminaba aquel ser cubierto por escamas anaranjadas que crujían con cada movimiento; era más alto que mi padre, pero demasiado delgado, se detuvo en medio de la gente y abrió la boca, sus finos labios dejaron escapar lamentos que fueron acompañados por el resto del grupo; la niña masticaba con fiereza las rocas marcando el ritmo, el ciego tocaba la flauta moviendo su cuerpo hacia los lados y la mujer arañaba el cuerpo que sostenía, la cabeza del niño gemía siguiendo la canción. Cerré los ojos para escuchar con claridad.

Un golpe de mi padre me hizo abrir los ojos, las escamas del ser brillaban y una mariposa escapó de su boca junto con un grito; el insecto tenía todos los colores que yo conocía y otros que no he vuelto a ver jamás. Empezó a volar entre las personas moviendo las alas con tal rapidez y gracia que nos hipnotizó, algunos bajaron la mirada, los niños corrían tras ella, otros se abrazaban. La melodía había vuelto a sonar, pero esta vez en un tono casi imperceptible; las escamas dejaron de brillar y el ser abrió la boca quedándose estático, la mariposa cayó a los pies de un hombre joven, que empezó a sudar y mientras rezaba empezó a llorar. De pronto se desvaneció. Aquellos que se habían abrazado, volvieron a hacerlo.

El ser empezó a caminar y sus compañeros lo siguieron en silencio. Con el tiempo me acostumbré a la canción y su significado, cada que la oía me subía al árbol más alto que mi padre me permitía, creía que la mariposa no podría volar hasta mí. Cuando la gente señalada por el insecto, corría o intentaba escapar, la niña los seguía y se los comía a mordidas, podíamos escuchar cómo arrancaba la piel y los huesos crujían, todo ello sin dejar de marcar el ritmo. El hombre ciego solía guiar a los ancianos, el sonido de su flauta era en esos casos más alegre.

Sólo en un par de ocasiones había presenciado la muerte de bebés; la mujer actuaba en dicho proceso, mordiendo brazos y piernas hasta desangrar al infante, después lo degollaba y encadenaba su cabeza a los pies, el cuerpo quedaba en cualquier lugar.

Conforme crecí mi labor consistió en cortar pétalos para convertirlos en ofrenda para la agrupación. Con el tiempo entendí que preferían los tulipanes y jazmines, los dejaba secar a la luz de la luna y después los envolvía en un pañuelo negro. Cuando la melodía se escuchaba, corría a colocar la ofrenda cerca del río, ahí se detenían a veces después de su trabajo.

El día de mi décimo cumpleaños mi abuelo me regaló a su perro, tuve que prometerle que lo cuidaría mientras viviera y a su vez, lo heredaría a mis hijos antes de morir; creo que los perros era lo único que podíamos dejar de valor en Lua de Lume. Cuando apagué la última vela del pastel el viento trajo consigo la melodía; corrí por la ofrenda mientras el perro jalaba a mi abuelo del pantalón, lo acarició y me sonrió. Entonces, el ciego se acercó a él abuelo y después de besarle las manos se lo llevó. Al pasar a mi lado, pude ver las escamas del líder, se caían y brillaban muy poco, me miró y agachó la cabeza; la niña que reptaba me mordió un pié.

Han pasado cuarenta años y muchos muertos desde que recibí mi herencia; tengo cinco hijos y nueve nietos, he delegado mi trabajo con las flores a dos de ellos, el perro será para la primer nieta que tuve, es la mayor y se encariñó con él, creo que podrá cuidarlo mientras viva.

A diferencia de las últimas veces, hoy la melodía se escuchó hasta que ellos aparecieron en el pueblo. El ser apareció casi sin escamas, abrió la boca un par de veces, agitó las manos y los demás mantuvieron la melodía, sentí miedo como la primera vez que los había visto. Por fin escapó la mariposa, revoloteaba sin dirección, entonces reconocí su destino; los ojos de mi nieta mayor se llenaron de lágrimas y empezó a correr, la niña la perseguía riéndose mientras reptaba en círculos y le lamía las piernas. El insecto estaba a punto de rendirse, supe que ella intentaría escapar y conocía el resultado de tal intento. Tomé una decisión.

Corrí hacia mi nieta, empujando a los curiosos y atrapé la mariposa, la niña se aferró a mis piernas y me tiró, mordisqueaba mis manos, tragándose un par de dedos, supe que lograría quitarme el insecto, así que lo metí a mi boca y lo mastiqué, las alas seguían moviéndose y las patas me hicieron estornudar. El ser me miraba desde su lugar, suspiró y sus escamas volaron, dio unos pasos hacia mí mirándome fijamente, entonces lo comprendí todo.

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Hoy regreso a Lua de Lume, vengo por mi nieta. Ésta vez no intentará escapar, lo veo en sus ojos, está cansada y quiere irse. Ha elegido a uno de sus bisnietos para que cuide al perro, sin embargo ha estado toda la tarde sentado entre sus pies, ella lo acaricia y le dice que cuide a sus hijos, sabe que ellos no entenderán lo que sucede.

Abro la boca y la mariposa vuela.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Directriz de la semana: Manos

Como ejercicio de escritura, cada semana se selecciona un tema, para realizar un trabajo (ya sea cuento, poesía, ensayo, etcétera) sobre el mismo y revisarlo la próxima sesión.

A continuación se presentarán los relatos que se realizan por los actuales alumnos:




Mañana se leerán los trabajos con la directriz: Manos.


Si alguno de los lectores desea enviar su trabajo para publicarlo en el blog, puede dejar su correo electrónico y se le contactará para su publicación.