VERSOS DEL CORAZÓN
Por: Yessica Paola Puga Ferral
Antonio, amor mío, dueño de mis emociones y mis sueños:
A ti te escribo esta carta por motivos que tal vez tú desconoces. Quizá te sorprendas al leer el destinatario; será mi nombre el que aparezca, tu mejor amiga y confidente, ésa que conoce la mitad de tu vida. Tus amores bien grabados los tengo, recuerdo a Ivonne, Rubí, Mariana e Itzel. Secretos, logros y fracasos. Los consejos que me diste y aquellos que te mencioné todavía los puedo recitar. Los días en que estuve junto a ti no los olvido, porque son de esos que suceden maravillosos y alegran la vida en unas cuantas horas.
Verás, mi vida, quiero que sepas cómo es que me fui enamorando de ti. Tal vez te suene a incoherencia, pero el verdadero amor no tiene explicación ni causa. Lo más extraño de todo es que has marcado mi existencia sobre este planeta, y todavía puedo recordar el día exacto en que te conocí; era un 1° de Mayo del año pasado. ¿Cómo podría olvidarlo? Hablamos de pronto como lo que éramos entonces, dos extraños en la calle que por azares del destino se toparon entre un millón y medio de gente: sólo éramos tú y yo. La lluvia caía fresca sobre la ciudad, y yo tuve que correr protegiendo las hojas amarillentas en que plasmaba mis escritos y uno que otro dibujo. Me sorprendió tu amabilidad al ofrecerme alojo bajo tu paraguas negro, y desconfié de la persona más dulce y agradable que he conocido. “¿Quién es?”, me pregunté para mis adentros, y casi como si fuese telepatía dijiste tu nombre entre el tráfico vehicular y los cuchicheos de los transeúntes, tu bendito nombre: Antonio.
La verdad no sé cómo acepté me acompañaras que hasta me invitaste a tomar un café. En 5 minutos supe que era algo diferente. No serías cualquier hombre en mi vida, contigo iba a ser distinto. Charlamos largo rato como si nos conociéramos desde siempre, y me asombré al ver que éramos y somos aún tan similares. Hablar contigo siempre se vuelve plácido y tranquilizante, me llevas al estado del nirvana y soy feliz, tan feliz como hoy que te vi de nuevo en nuestra cita a las 6 en el café. Tus conversaciones me parecen interesantes, tanto que te ríes cada que olvido tomar mi bebida y se termina por enfriar. Amo escucharte reír, pues tus carcajadas son exquisitas, semejantes a una melodía que Beethoven no pudo componer. Amo verte también cuando sonríes y adoro esos pocitos en tus cachetes que tú llamas imperfección. Pero ay, amor, si supieras que eso nos hace más humanos.
No sé tampoco qué es lo que tienen tus ojos, ese brillo tan bello que ilumina mi interior como cirios. ¿Qué tienen tu boca, tus manos? Por favor, no me lo preguntes porque todo tu ser me inspira y hace que al estar pisando suelo firme vuele más allá de los límites de la felicidad. Te confieso, mi amor que contigo mi alma se desborda. Provocas que espíritu y cuerpo se separen y entren en contacto otra vez. Desconozco la manera en que lo haces, pero cada que te pienso una emoción invade mis entrañas; es una sensación que con ningún otro hombre sentí. Te amo, quiero que sepas, que de mi puño y letra te enteres. No preguntes por qué ni cuestiones las razones que aún no comprendo, pues me basta con saber que este sentimiento es real. Tal vez te agobie mi declaración, y lo comprenderé si la próxima vez que conversemos luzcas extrañado. Así que sólo te pido que en ese próximo momento no guardes un incómodo silencio frente a mí. Pero ay, amor, ¿qué no daría yo porque me robaras un beso?
Mi amor, mi vida, mi cielo, Antonio… mi dueño. Ya no quiero quitarte más el tiempo, así que sólo resta decirte que no te entregaré ni el sol, la luna o las estrellas, porque ambos sabemos que esa es una frase gastada y vieja de tontos enamorados. Te dejo mi corazón abierto por si quieres entrar en él, y hasta que el corazón lo quiera te amaré…
1 críticas:
Que carta más profunda y sincera.
Me proyecté y eso es lindo.
Escribes muy bien
Publicar un comentario en la entrada